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Guías Didácticas

El libro como andamio del lenguaje

Sobre apoyar el desarrollo del vocabulario entre 0 y 3 años

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Sebastián Encina

10 de abril de 2026

Los libros de imágenes y objetos funcionan en esta etapa como andamios del lenguaje: estructuras temporales que sostienen el aprendizaje mientras el niño construye su propia capacidad.

Entre los cero y los tres años ocurre algo extraordinario. El cerebro de un niño pequeño está absorbiendo palabras a un ritmo que no volverá a repetirse en toda su vida, construyendo silenciosamente un vocabulario que usará mucho antes de poder leerlo.

Betty Hart y Todd Risley, en su estudio longitudinal sobre el desarrollo del lenguaje temprano, documentaron cómo la cantidad y variedad de palabras que un niño escucha en sus primeros años tiene una influencia directa y duradera en su desarrollo cognitivo y su desempeño escolar posterior.¹ No se trata de enseñanza formal ni de estimulación forzada. Se trata de conversación cotidiana, de nombrar el mundo con atención.

Los libros de imágenes y objetos funcionan en esta etapa como lo que la investigadora Catherine Snow llama andamios del lenguaje: estructuras temporales que sostienen el aprendizaje mientras el niño construye su propia capacidad.² Una página con la imagen de un perro, una pelota, una cuchara, más que un ejercicio de memoria, es una invitación a conectar el mundo visible con la palabra que lo nombra.

Lo que hace útil a un libro para esta etapa es su capacidad de provocar ese intercambio. Páginas con una sola imagen clara y bien definida, palabras sueltas o frases muy breves, objetos del entorno cotidiano del niño. El adulto que lee señala, nombra, espera, repite. El niño observa, imita, asocia. En ese pequeño ida y vuelta está ocurriendo algo que ninguna aplicación puede replicar del todo: la palabra llegando junto a una mirada.

Vale la pena recordar que a esta edad el vocabulario receptivo, las palabras que el niño entiende, crece mucho más rápido que el vocabulario expresivo, las palabras que produce. Un niño puede comprender perfectamente la palabra "manzana" semanas antes de poder decirla. Los libros que nombran objetos cotidianos están trabajando en esa capa invisible, la más importante.

El libro adecuado para esta etapa más que una historia, requiere claridad, repetición y la presencia de un adulto dispuesto a nombrar el mundo con paciencia. Eso, para un cerebro de dos años, es más que suficiente.

Notas y Referencias Bibliográficas

¹ Hart, Betty, y Todd R. Risley. Meaningful Differences in the Everyday Experience of Young American Children. Baltimore: Paul H. Brookes Publishing, 1995.
² Snow, Catherine E. "Literacy and Language: Relationships During the Preschool Years." Harvard Educational Review 53, n.º 2 (1983): 165–189.

¿Te acompañamos en esta etapa?

Cada libro en nuestra selección ha sido elegido pensando en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

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